¡Lo que esta vida y este mundo nos ofrecen es por un tiempo muy corto! Pero la salvación, las almas, los hijos y el servicio al Señor son para siempre, ¡son eternos! “Y el mundo pasa, y sus deseos; ¡pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre! ¡Pues las cosas que se ven son temporales —por un tiempo muy corto— pero las que no se ven son eternas!” (1Jn.2:17; 2Cor.4:18)
     Moisés “tenía puesta la mirada en el galardón”. Él miró más allá del presente y sus dificultades porque vio a Jesús, y puso los ojos en la eternidad y sus grandes recompensas. “¡Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios!” (Heb.11:26) Egipto era la nación más poderosa e importante de la tierra en aquella época, de la cuál él pudo haber sido faraón. ¡Pero consideraba las riquezas de Cristo mucho más importantes que la suma de todas las riquezas de este mundo!
     ¡Y si nosotros pagamos el mismo precio y hacemos los mismos sacrificios, también podemos esperar recompensas y gloria eternas! Si lo entregamos todo, recibiremos mucho más. ¡Qué poco hay que pagar por todo lo que recibimos a cambio!

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