¡Lo fantástico de testificar es que no es una actividad especial para unas personas determinadas en unas ocasiones especiales, sino que debería ser la actividad normal de todo cristiano en todo momento! ¡Del mismo modo que alguien te habló de Jesús y te llevó al Señor, tú puedes hacer lo mismo por otras personas!
¡«Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15) no es algo optativo! ¡Es un mandamiento para todo verdadero cristiano! Si confesamos con denuedo a Jesús y su nombre ante los demás, El prometió que nos confesaría a nosotros ante su Padre en el Cielo! (Mateo 10:32) ¡Por eso, tenemos la obligación de decirles a otras personas cuánto las ama el Señor a ellas y procurar convencerlas para que reciban a Jesús! ¡Esa es la experiencia más maravillosa, emocionante y satisfactoria que se pueda tener! ¡Encontrar el Amor de Jesús y transmitírselo a tus hijos, tus padres, tus seres queridos, tus familiares, vecinos, compañeros de trabajo, amistades y hasta desconocidos!
¡Las almas, no los diamantes, son para la eternidad! ¡Ganar almas produce mejores ganancias y beneficios que ningún negocio en este mundo! ¡Dividendos eternos! ¡Beneficios eternos! ¡Las almas son el producto más valioso del mundo! ¡Aunque nunca lograras otra cosa que convertir una sola alma al Señor, te alegrarás tanto cuando veas ese alma contigo en el Cielo eternamente que te pondrás a saltar de alegría y comprenderás que valió la pena! ¡Y ese alma te estará agradecida a ti por toda la eternidad por haberle hablado del Amor de Jesús y haberla convertido al Señor!

¡A continuación te damos algunos consejos que te ayudarán a ganar almas y testificar sobre el Señor! ¡Que Dios te bendiga! ¡Feliz testificación!

¡Los cuatro pasos de la testificación!:

1) ¡Haz preguntas! Demuéstrales a las personas que te interesas por ellas. Cuanto más las comprendas, mejor podrás testificarles y saber lo que necesitan. ¿Cómo vas a averiguar quién es la persona, lo que es, lo que hace, su religión o la más mínima cosa si no le haces preguntas? ¡Como médico de almas, tienes la obligación de examinar amablemente y escuchar a tu paciente para diagnosticar sus problemas!
2) ¡Escucha las respuestas! ¡Aunque te tome una hora o toda la noche! ¡Lo primero y principal es demostrarle que le amas! ¡Y lo puedes hacer mostrando preocupación e interés por la persona y estando dispuesto a escuchar! ¡Muchos cristianos hablan más de la cuenta! ¡Pero lo que algunos necesitan es que alguien les escuche, alguien a quien hablar, alguien a quien expresarle todo lo que sienten en su soledad! ¡La mitad de la tarea de testificar consiste en eso, en escuchar!
3) ¡Da las soluciones de Dios! Deja que la persona sea quien más hable hasta que por fin diga algo que sea la clave y te dé la oportunidad de testificar y ofrecerle a esa persona las soluciones de Dios para sus problemas. ¡La principal, por supuesto, es aceptar al Señor! Haz como el boxeador, que se mueve al- rededor de su contrincante buscando su punto flaco, no para herirle ni hacerle daño, sino para descubrir qué es lo que necesita, la fibra sensible de su corazón, el punto donde se le puede tocar para aplicar el bálsamo del Amor y el aceite sanador del Espíritu!
4) ¡Haz que se decida! Por muy bien o muy mal que le hayas testificado, puedes pedirle a la persona que reciba a Jesús como su Salvador. Ya sea que a ti te parezca oportuno o no, «predica a tiempo y fuera de tiempo» (2a a Timoteo 4:2). ¡A veces hay que arriesgarse! «Es posible que no vuelva a ver a éste, así que será mejor que le pregunte si quiere recibir a Jesús.» Y siempre te contestarán, ya sea que sí, que no o que quizá más adelante (lo cual generalmente equivale a decir que no). ¡Pero pregunta siempre! ¡Haz que se decidan siempre!

Aquí tienes una fórmula muy sencilla; una de las maneras más sencillas de hacerlo es decir: «¡Soy feliz porque tengo a Jesús en mi corazón! ¿Tú tienes a Jesús en tu corazón? Si lo tuvieras, ¡tú también serías feliz! Si Le deseas, puedes recibirlo ahora mismo. ¡Sólo pídele que entre! ¡Prometió que lo haría!»
¡Muéstrales Juan 3:16, Apocalipsis 3:20 y quizás unos cuantos versículos sencillos más sobre la salvación! ¡Luego, es muy efectivo orar con la persona pidiéndole que repita tu oración a medida que la dices!

¡Procura evitar los temas polémicos en los que sabes que no van a estar de acuerdo contigo! ¡Predica el Amor! ¡Si hablas del fuego y la condenación del infierno, eso no va a atraer mucho a la gente! ¡Es mejor hablar de lo fantástico que es ser cristiano y del futuro tan maravilloso que nos aguarda en el Cielo reinando y rigiendo con Jesús! ¡A la gente hay que hablarle de forma que desee tener lo que tenemos!

«Desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que dan lugar a discusiones.» (2Timoteo 2:23) ¡Jesús nunca discutía con sus enemigos a menos que le exigieran que diera una respuesta, en cuyo caso se las cantaba claras!

¡Cuenta tu testimonio personal! ¡Si no lo creen, no creerán nada! ¡Las historias verídicas son más efectivas al testificar que los argumentos teológicos y el predicar sermones! ¡Si cuentas tu vida, te ganarás inmediatamente la atención de los demás! ¡Se quedarán fascinados! ¡A las personas les interesa la vida de otras personas!

En el momento en que reconocen que es posible que te haya sucedido a ti, no pueden menos que reconocer que es posible que les suceda a otros, lo cual quiere decir que es posible que les suceda a ellos! ¡En cuanto admiten esa posibilidad, se enciende una chispa de fe, nace una fe como un granito de mostaza!

¡Nuestra misión consiste en testificar y mostrar a los demás la Palabra! ¡En darles simplemente las soluciones que se encuentran en las Escrituras, y si no aceptan la Palabra y la atracción que ejerce el Espíritu Santo en su corazón con la Verdad, no aceptarán nada! Aunque hablamos de ganar almas, en realidad no las ganamos nosotros. ¡Quien lo hace en realidad es Jesús! ¡Lo único que hacemos nosotros es testificar! ¡Lo que otras personas hagan una vez que les testificamos es cosa de ellos!

¡No te compliques! ¡Es mejor mostrar unos pocos versos que un montón! ¡De hecho, lo mejor es machacar con un solo versículo hasta que se les quede grabado! ¡Entonces ya no se les olvida! Como lo que pasó con cierta anciana y un cura en un hospital:

¡No se lo podía quitar de la cabeza! ¡Y por fin se dio cuenta de que al Cielo no se llega por el esfuerzo! ¡Como resultado, acabó salvándose y empezó a predicar el Evangelio! ¡La Palabra es tremendamente efectiva! ¡Hay que poner la fe de la gente en la Palabra, porque «la fe es por el oír la Palabra de Dios»! (Romanos 10:17

¡La Palabra de Dios es «viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos»! (Hebreo 4:12) ¡Nadie puede oír la Palabra de Dios sin que le afecte de alguna manera! El Señor dice: «¡Mi Palabra no volverá a Mi vacía, sino que hará lo que Yo quiero y será prosperada en aquello para lo que la envié!» Isaías 55:11.

La forma más eficaz de comunicar la Palabra a alguien es… no sólo citársela… ni leérsela simplemente… ¡sino hacer que la persona la lea por si misma!

¡Uno recuerda aproximadamente el 80% de lo que ve, pero sólo el 40% aproximadamente de lo que oye! ¡Eso quiere decir que si le pedimos a la persona que lo lea por sí misma en la Biblia tiene el doble de posibilidades de recordarlo que si simplemente se le citan los versículos!

¡Y además, así deja de dirigirte todas sus objeciones a ti y se ve obligada a discutir con Dios, pues están leyendo directamente su Palabra, la Biblia!
Es importante que sepas encontrar enseguida los versículos que quieres mostrarle a la gente al testificar. Si no te has aprendido de memoria los versículos más importantes para testificar, siempre puedes tener señaladas las páginas con un papel para así no tener más que abrir la Biblia donde está el versículo que quieres mostrar!

¡Conviene también sostener la Biblia al revés! ¡Porque si tienes que voltear la Biblia y ponerte a buscar algo, te mirarán por encima de la cabeza y pensarán en todas las demás cosas que tienen que hacer en vez de escucharte! ¡Por eso, es muy importante que no les hagas perder un momento!

Los vaqueros de EE.UU. tienen un dicho: «¡A un caballo se le puede acercar al agua, pero no se le puede obligar a beber!» ¡Y la gente también es así! ¡Se la puede guiar a la Verdad, pero no se la puede obligar a beberla! ¡Si no la quiere, uno no puede beberla en lugar de ella! ¡No podemos decidir en su lugar! Eso depende de esas personas. ¡Si aceptan la verdad, el Señor les da la salvación! ¡Si la rechazan, les da condenación! ¡Respondan como respondan, tu misión está cumplida!

¡Una vez que sepas que han oído la Verdad no tienes que seguir intentando convencerles! El Espíritu Santo es el único que puede convencer a alguien. ¡Tú has obedecido a Dios, hecho su voluntad y cumplido con tu obligación de predicar el Evangelio! (Marcos 16:15) ¡Has librado tu alma, por lo que no se te demandará su sangre de tu mano! (Ezequiel 3:17-19) ¡Así que no te preocupes! ¡Es imposible ganarlos a todos! ¡Pero los que sí ganes, valen la pena!

Y si después de haberle testificado a alguien, todavía afirma no creer en Dios, a veces puedes sugerirle lo siguiente:

¡Si de verdad desea saber sin lugar a dudas si existe Dios, El naturalmente le contestará! ¡La Palabra de Dios dice que quien le busca le hallará! (Jeremías 29:13) ¡Yo lo he intentado muchas veces, y estoy convencido de que puede serles de ayuda a algunos, y he visto que Dios obraba cosas milagrosas y sobrenaturales para convencerlos!

Si la persona piensa que ha aceptado a Jesús pero no lo sabe a ciencia cierta, le puedes decir: «¿Por qué no rezas ahora mismo para estar seguro?» Pídele entonces que repita contigo una breve oracion: «¡Buen Jesús, entra sin duda en mi corazón para que sepa que estás en mi vida! Perdóname mis pecados. Ayúdame a portarme bien y amar y ayudar a los demás», etc. Hazlo tan simple que hasta un niño lo entienda.

Jesús dijo: «No he venido a salvar a los justos», a los que afirman ser muy buenos, inmaculados e iglesieros, cuando la verdad es que están podridos por dentro, ¡«sino a los hambrientos y vacíos, a los pecadores» que saben que necesitan ayuda y la agradecen! (Marcos 2:17)

Ayúdanos, Señor, a buscar a las ovejitas perdidas, a las hambrientas. Ayúdanos a hacer todo lo posible por ellas y no fallarles de ningún modo, para que puedas decir: «¡Bien, buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor!» (Mateo 25:21) ¡Consideramos un privilegio, Señor, que Tú nos hayas llamado a ser embajadores tuyos! ¡Es un honor y te lo agradecemos! ¡Gracias, Jesús! ¡Alabado sea el Señor!
¡Que Dios te bendiga y te guarde en tu testificación de Jesús! ¡Qué ministerio tan sensacional y maravilloso! ¡Qué inversión tan eterna, que te producirá beneficios eternos en el cielo, almas que vivirán por siempre jamás! «¡Grande es tu galardón en los Cielos!» (Mateo 5:12) ¡Nunca te arrepentirás, siempre te alegrarás por toda la eternidad de haber sido fiel ganando otras almas para el Señor! ¡Feliz testificación!

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