Se cuenta que el único superviviente de un naufragio fue a parar a una isla desierta. Al cabo de un tiempo, había conseguido construirse una choza, en la que instaló las pocas cosas que había salvado del naufragio. Le pidió a Dios que lo librara, y todos los días contemplaba ansiosamente el horizonte para hacer señas al primer barco que pasara. Cuando regresaba un día de cazar para comer algo, descubrió horrorizado su choza en llamas. Todo lo que tenía se había hecho humo. Parecía lo peor que pudiera haber ocurrido, pero lo que parecía lo peor fue en realidad lo mejor que podía haber ocurrido. Al día siguiente llegó un barco. «Vimos la señal de humo», dijo el capitán. Si nuestras vidas están en manos de Dios, todas las cosas redundan en nuestro bien. (Romanos 8:28)

Dios nunca permitiría que existieran males si no pudiera sacar algo bueno de ellos.

Cuando Satanás tome prestados nuestros sentidos para decir una cosa, que la fe conteste con las Escrituras diciendo lo contrario.

¡El valle está sumido en sombras oscuras,
mas el pastor a sus ovejas las guarda seguras!

Olvídate de ti;
consuela la tristeza que hay a tu alrededor;
la tuya entonces te dejará,
y te animará el canto de alegría
de un celestial ruiseñor,
y en tu corazón habitará.

Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano. (Salmo 37:24)

Pero los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán. (Isaías 40:31)

«Señor –dije tembloroso–,
mi carga pesa mucho para mí.
¡No puedo llevarla más!»
Y en lágrimas prorrumpí.
Entonces oí un grito de auxilio
de alguien muy angustiado.
Corrí a él, y lo mejor
que tenía le di encantado.
Luego me acordé de mi pesada carga,
pero he aquí, ya no estaba;
la tristeza y las dudas se habían desvanecido
y la luz del Amor brillaba.

El Señor está subiendo contigo; ¡apóyate en El!

Y sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman, de los que según sus designios son llamados. (Romanos 8:28)

Nuestro Padre sabe qué nos conviene;
entonces, ¿de qué te lamentas?
Siempre queremos sol,
mas también debe haber tormentas.
La risa oír nos agrada
y nos produce encanto,
mas perderíamos la ternura
de no ser por el llanto…
A veces el Padre nos prueba
con dolor y con aflicción;
no es para castigarnos…
para el mañana es preparación.
Pues resistiendo el temporal

se fortalece el árbol,
y los golpes de cincel
gracia y forma dan al mármol.
Dios nunca hiere sin necesidad,
y no es en vano nuestro dolor.
Y por cada pérdida que sufrimos,
ganancia abundante nos da el Señor.
Si contamos sus abundantes
y generosas bendiciones,
tiempo no habrá para quejas
ni para lamentaciones.
Pues nuestro Padre a sus hijos cuida
y todo está claro a su vista.
Así pues, si tenemos problemas
y todo parece mala suerte,
es que la mano de Dios
a nuestro espíritu está haciendo fuerte.
Sol o lluvia, tempestad o calma,
como desees, Señor, sea así.
Aunque toda bendición perdamos,
nunca podremos perderte a Ti.
Mary Elizabeth Coleridge

Echa sobre el Señor tu carga y El te sustentará. No dejará para siempre caído al justo. (Salmo 55:22)

Si sufrimos, también reinaremos con El. (2a a Timoteo 2:12)

¡Cuando todas nuestras esperanzas se hayan deshecho, todos nuestros sueños estén destrozados y todas nuestras naves hayan regresado al puerto con las velas rotas, todavía tendremos a Jesús! ¡Y El es todo lo que necesitamos!

Yo creo que Dios se enorgullece de quien con valentía
soporta el dolor. Se enorgullece nuestro Dios santo
de quien, para encontrarle, camina derecho por oscura vía
y se arrodilla con fe a tocar el borde de su manto.

Si anduviere yo en medio de angustia, Tú me vivificarás. (Salmo 138:7)

Los pesares son simples incidentes de la vida que no deben interrumpirnos. Debemos dejarlos atrás mientras proseguimos a lo que está delante. Dios ha dispuesto que al avanzar en nuestro deber para con los demás encontremos el consuelo más puro y abundante para nosotros.

Canta en tinieblas y canta en la luz,
y cuando tus ojos empaña el dolor;
con la mañana y al anochecer,
canta en la lluvia y cuando hace sol.

Si necesitas fuerzas, ayuda y aliento
y de la oscuridad estás asustado,
recuerda la dulce Palabra del Padre:
¡No temas, estoy a tu lado!

Porque Yo el Señor soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, Yo te ayudo. (Isaías 41:13)

Dios nunca permite que tengamos un contratiempo a no ser que tenga un plan específico gracias al cual podamos obtener una gran bendición de la dificultad.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Romanos 8:18)

Jesús es tu mejor Amigo, y le puedes conocer,
vuélvete hacia El cuando tengas pesaroso el corazón.
¡Verás que está muy cerca, a tu lado,
aguardando para darte paz y bendición!

¿Le importa a Jesús si digo adiós
a quienes más quiero yo?
Cuando el corazón
siente desazón,
¿le importará? ¿Lo verá?
Claro que sí, yo sé que sí,
le conmueve mi dolor;
si la noche es larga
y pesada mi carga
le importa a mi Salvador.

Cuando todo lo demás deje de ser, ¡todavía tendrás a Jesús! Cuando todo lo demás haya desaparecido, todavía estará Jesús. Cuando todos los demás te abandonen, todavía estará Jesús. Cuando no te quede nada, todavía tendrás a Jesús. Cuando al mundo no le quede nada, ¡tú todavía tendrás a Jesús! ¡Y El lo es todo!

¿Le pediste al Señor paciencia,
se la imploraste en oración,
mas pensaste que no le importaba
cuando tuviste tribulación?
El oyó y respondió, hijo mío,
el hondo clamor de tu corazón.
«¡La tribulación produce paciencia!»
Ahora ya sabes la razón.

¿Que te enseñase a someterte
le pediste en oración sincera?
Mas, cuando vino el sufrimiento,
¿te pareció que justo no era?
Es evidente, hijo mío,
que tu oración fue respondida.
A someterse se aprende
sólo sufriendo en la vida.

¿Le pediste al Señor
un espíritu generoso,
y el sacrificio que El te pidió
te pareció oneroso?
Sí, El oyó y respondió
lo que pediste con sinceridad,
pues sólo con sacrificios
se adquiere generosidad.

¿Rogaste pidiendo la victoria?
¡Al pie de la letra te tomó el Señor,
aunque en el fragor de la batalla
no sabías si escuchó tu clamor!
El oyó y te concedió
tu petición ferviente;
pues, ¿cómo vas a triunfar
si a las pruebas no haces frente?

¿Le pediste al Señor humildad
y no tener santurronería,
mas te extrañó cuando tus fallos
expuso a la luz del día?
Esa fue su respuesta, hijo mío,
a tus fervientes peticiones;
la mejor forma de hacerse humilde
es pasar humillaciones.

Cuando tu oración así responda,
no juzgues a Dios con criterio humano,
pues por valles de dolor muchas veces
pasa el sendero del cristiano.
¡Y la respuesta a la oración,
siempre es justa y tierna,
aunque tal vez no se entienda
hasta verla desde la morada eterna!
Josephine Hope Westervelt

¡Cuando las perspectivas sean más sombrías, no bajes la vista! ¡Mira hacia arribaps! ¡No temas, sino cree! No hay pesar en la tierra que no pueda sanar el Cielo.
Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. (2a a los Corintios 1:7)

Un amigo mío vivía muy feliz con su linda esposa y una hijita preciosa de tres años. El dolor afligió repentinamente su hogar cuando su joven esposa falleció en un accidente de automóvil. Y parecía que la luz había salido de su vida para siempre. La noche después del entierro, el joven padre estaba acostando a su hijita, y mientras torpemente le abotonaba el piyama, la luz se apagó de pronto en toda la casa. Sospechaba que se había fundido un fusible en el sótano, y le dijo a la niña: «Vuelvo en seguida; espérame aquí quietecita.» Pero la niña, asustada ante la idea de quedarse sola, le rogó que la llevara con él, y tomándola en sus brazos, el padre atravesó los oscuros pasillos y bajó las escaleras. La niña estuvo un rato en silencio, acurrucada en sus brazos; pero nada más entrar en el sótano, se aferró fuertemente al cuello de él, diciéndole: «Esto está muy oscuro. ¡Pero no tengo miedo porque papá está conmigo!» Un sollozo estremeció el cuerpo del padre. Enterrando la cara en el pelo de la niña, dijo con los ojos bañados en lágrimas: «Sí, hijita, está muy oscuro; ¡pero yo tampoco tengo miedo, porque nuestro Padre está con nosotros!»

Dios no sólo nos consuela por consolarnos, sino también para hacernos consoladores. «El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.» (2a a los Corintios 1:4)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s