Si evidenciamos el espíritu debido y una actitud correcta, los que nos rodean participarán de nuestro espíritu. Si este es apacible, confiado, paciente y reposado, rebosante de fe, ellos reaccionarán de igual manera. ¡Mantengámonos, pues, en lo positivo, nunca en lo negativo! ¡Hablemos de lo bueno! ¡Seamos alentadores, amorosos, fieles y joviales! ¡El amor engendra amor! ¡Es maravilloso el efecto que puede tener una sonrisita, lo que logra un poco de amor, aun sin pronunciar palabra! ¡Lo hace el Espíritu! ¡Un poco de amor verdadero llega muy, muy lejos!
¡Todos influimos en los demás! ¡Una persona que viva amorosamente animará a las demás a hacer lo mismo! Si no expresas más que amor, alguien se contagiará del mismo espíritu. ¡Es algo muy pegadizo; el Amor de Cristo en acción! Y se transmite de corazón a corazón. ¡Por eso, que Dios nos ayude a tener cuidado con el efecto que causamos!
¡Si pasamos suficiente tiempo con Dios, como le pasó a Moisés, un poquito de Dios también se nos pegará a nosotros y andaremos contentos y con la cara resplandeciente por la alegría y el Espíritu del Señor! Esa es la clave: es el Espíritu y la felicidad del Señor, la paz del Señor. ¡Y si resplandecemos con suficiente amor, los demás lo reflejarán! ¡Conviértete hoy en una bendición para alguien!

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