¡Una sola alma le merece al Señor toda Su atención! El Buen Pastor se interna en las montañas para buscarla, se enfrenta a la noche y a la tormenta para rescatarla. Dios ama a cada uno como si fuera la única persona en el mundo. El Señor dejó a las noventa y nueve en el redil y se fue a la montaña, bajo la tormenta, a buscar a la oveja perdida. Demostró Su Amor aun por la oveja descarriada, por una sola oveja, y también que El no perderá a una sola de Sus ovejas. ¡Ni a una sola alma! ¡Al final, las salvará a todas!
¡No hay precio demasiado alto para la salvación de un alma! ¿Cómo podría uno juzgar el valor de un alma inmortal? ¡Dios le dio un valor tan elevado que entregó a Su único Hijo para redimirla! Para Dios, una sola alma lo justifica todo; todo lo que haga falta para liberar a una pobre alma cautiva, a un pobre espíritu atormentado, de la esclavitud de Satanás.
Señor, danos un genuino interés por ellas; ayúdanos a buscar a Tus ovejas perdidas así como el Buen Pastor busca a la oveja amada. Tal como El, que sufre, padece, se angustia e inquieta intentando hallarla para atraerla con amor de regreso a su redil. ¡Danos mayor compasión, Señor, y un interés más sincero por Tus ovejas! ¡Oh, Señor, ayúdanos! ¡Haz que tu amor nos constriña! ¡En el Nombre de Jesús, amén!

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