Hubo una vez un joven que era leñador. Se dedicaba a talar arboles en los extensos bosques del norte de Canadá. Cierto día pidió permiso y se tomó unas pequeñas vacaciones en el pueblecito cercano. Allí, en una esquina, un pastor cristiano le testificó y oró con él para que se salvara.
–Ahora que has recibido a Jesús en tu corazón, José, tu vida cambiará –le dijo el pastor.
–¿Cómo? –preguntó José, inclinándose para mirar más de cerca los versículos que el pastor le enseñaba directamente en la Biblia.
–Pues mira; dice aquí mismo en la Palabra de Dios que “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas”. (2Corintios 5:17) ¡Te advierto, pues, José, que encontrarás dificultades cuando vuelvas a la colonia de leñadores!
–¿Y eso por qué, pastor?
— ¡Porque como tú ya sabes, la gran mayoría de leñadores son tipos duros, brutos e irreligiosos, y no les gustan los cristianos!
— ¡Eso es muy cierto! –reconoció José, al tiempo que observaba por el rabillo del ojo a dos compañeros suyos borrachos, enfrascados en una reyerta al otro extremo de la calle.
–Sin embargo, José, tú ya no serás el mismo de antes. ¡Ya no maldecirás a Dios, ya no dirás palabrotas ni harás maldades! ¡Habrás cambiado tanto que te van a atormentar!
–¡Ah! –contestó el leñador con extrañeza.
Fue así que José retornó a la colonia de leñadores, donde permaneció varios meses antes de volver al pueblo a difrutar de otro permiso. Le entró curiosidad por ver si a lo mejor se cruzaría otra vez con el pastor, y en efecto lo encontró en una esquina, repartiendo folletos como de costumbre. Era casi imposible pasarlo de largo, pues su rostro sonriente y feliz como que iluminada toda la calle, irradiando el Amor de Jesús sobre todo el que pasaba.
–¡Hola, pastor! ¡Qué alegría verlo!
–¡Hola, José! –exclamó el pastor, contentísimo de saludar otra vez al leñador convertido–. Cuéntame, ¿cómo te fue en la colonia de leñadores?
–¡Ah, de maravilla! ¡Todo como una seda!
–¿No te dije que sería difícil llevar una vida cristiana en medio de tan malas compañias?
–No, no –respondió José–, ¡no fue nada difícil!
–¿Quieres decir que no te persiguieron ni te hicieron la vida imposible? –preguntó sorprendido el pastor.
–No, no. Verás usted… ¡no llegaron ni a enterarse de que yo era cristiano!
+ + +
¡Eso no es lo que hace un verdadero cristiano! ¡Cuano uno cree en algo, habla de ello! Si uno cree en su equipo de fútbol, ¡habla de él! Si uno cree en su partido político, ¡habla de él! Si a uno le gusta su trabajo, ¡habla de ello! Y si de verdad crees en Jesús y le amas, ¡hablarásde Él y compartirás Su Amor con los demás! ¡Como Sofía la lavandera, a quien un día ridiculizaron al verla hablando de Jesús a un indio de palo colocado frente a una tabaquería! Sofía reaccionó enseguida y repuso:
–Puede que sí; ¡ya no estoy bien de la vista! ¡Pero hablarle de Jesús a un indio de palo no está tan mal como ser un cristiano de palo y no hablarle de Jesús a nadie!
Jesús dejo: “Cuando un hombre tiene un candelero, no lo oculta bajo una vasija o bajo un jarrón –no se sienta solo en algún rincón con la esperanza de que nadie se vaya a enterar de que se ha vuelto cristiano–; ¡sino que lo coloca sobre un pedestal para que alumbre toda la casa!”(Mateo 5:15; Lucas 8:16) ¡Un cristiano se levanta y les cuenta a otras personas por qué ha tenido lugar una milagrosa transformación en su vida! ¡Una vez que eres salvo, tendría que ser imposible esconder el Amor de Dios y la Verdad de Jesús! Cuando lo tienes a Él en tu corazón y estás lleno de Su Amor, ¡Él quiere que lo manifiestes y que procures compartirlo con los demás! ¡Es lo menos que puedes hacer por Aquel que ofrendo Su vida por ti!
¡Fíjate en la mayoría de los comunistas actuales! Fíjate en cómo se dejan oír y divulgan su causa. Es indudable que se entregan de lleno a su lucha, que a menudo se sacrifican, que son activistas y que tienen gran determinación. ¡De buena gana ofrecen su vida para alcanzar su objetivo: la dominación del mundo! ¿Se puede deci lo mismo de la vasta mayoría de cristianos?
Desgraciadamente, la inmensa mayoría de los que hoy en día dicen ser cristianos no se atreven a hacer nada que los haga resaltar como gente más bien peculiar o distinta del montón. ¡Se han apocado, han perdido las convicciones, el coraje y la audacia para asumir una postura clara y firme a pesar de todo lo que diga o piense de ellos la gente! Muchísimos tratan de calcular hasta dónde pueden llegar sin comprometer su reputación. Son como ciertos judíos de la época de Jesús que se preocupaban mucho por complacer a los hombres; refiriéndose a ellos, la Biblia dice: “De los gobernantes, mucho creyeron en Jesús, pero a causa de los fariseos no confesaban su fe, por miedo a que los expulsaran de la sinagoga. ¡Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios!” (Juan 12:42, 43)
No quieren ser cristianos excepcionales por miedo a que la gente diga que son unos fanáticos o unos “insensatos por amor de Cristo” (1Corintios 4:10), como aquel hombre de negocios cristiano que se paseba por la abarrotas calles de Londres con un letrero prendido a la parte delatera de su sombrero, que decía: “¡YO HAGO EL TONTO POR CRISTO!” Y cuando los trauseúntes se daban la vuelta para echar otro vistazo a aquel hombre, al que tomaban por fanático religioso, veían otro letrero que llevaba prendido a la parte posterior del sombrero, que decía: “¿TÚ PARA QUIÉN HACES EL TONTO?”
Es una pena que muchos cristianos casi nunca se atreven a ser diferentes y a aventurarse a salirse de lo normal y de lo siempre. ¡Su vida con el Señor es algo así como un cómodo paseo en el que tienen, sumo cuidado por no molestar a nadie! Qué distintos eran los primeros cristianos, de quienes se decía: “¡Estos son los que transtornan el mundo entero!” (Hechos 17:6) Los consideraban alborotadores, sí; ¡pero los nombres de Pablo, Pedro, Esteban y Felipe aún perduran en la memoria de todos, y su influencia todavía se hace sentir, mientras que los pasivos y transigentes se desvanecieron en el olvido… como les pasará a muchísimos cristianos actuales poco entusiastas que se dejan llevar por la corriente!
Naamán fue un clásico transigente: de haber dado la cara por sus creencias, habría podido convertir a toda la antigua nación siria a la fe en el Dios verdadero. Naamán era el hombre más importante del país después de rey; era el primer general, el ministro de Defensa. Cuando fue a Israel a ver a Eliseo, milagrosamente se había curado de lepra. Hasta había empezado a dar testimonio antes su esposa, la sierva de ésta y varios amigos íntimos, de que no había otro Dios que el Dios de Israel. Mas cuando el rey de Siria el pidió que fuera con él a rendir culto en el templo de Rimón –un dios pagano y diabólico al que adoraban los sirios–, en vez de dar la cara por la fe que acababa de abrazar, se disculpó ante Eliseo de forma muy poco convincente, diciendo: “En esto perdone el Señor a tu siervo”.
¿Qué testimonio dio al país entrando públicamente al templo de Rimón con el rey? Seguramente el pueblo puso en entredicho los rumores que había oído de que lo había sanado el Dios de Israel. “¡Debe de haberlo sanado el dios Rimón, porque todos los días va a adorarlo con el rey!” (2Reyes 5)
¡En la vida cristiana no hay lugar para el “neutralismo” ni las trasigencias! Jesús afirmó: “¡El que no es conmigo, contra Mí es!” (Mateo 12:30) ¡La vida delos cristianos debería caracterizarse por un entusiasmo, entrega y consagración totales, ciento por ciento, a la causa de conquistar al mundo para Jesús! Ha llegado, para los cristianos, el momento de dar la cara y manifestar con denuedo cuáles son sus convicciones, de ¡de alzarse en lucha contra las fuerzas de la tinieblas que obran en el mundo, que avazan a una velocidad alarmante y pretenden acorralarnos! En esta batalla no hay lugar para cristianos “camaleones” que se cambian de chaqueta según donde estén para integrarse en el mundo que los rodea y fundirse son él, sin dar muestra alguna de tener convicciones ni valor moral. Ese es el mayor problema que tiene el cristianismo actual: ¡los tales cristianos “secretos”, que lo único que hacen es procurar meter su alma en el Cielo sin que nadie se entere!
¿Eres tú de los que practican su religión en secreto por miedo al qué dirán? ¿O tienes convicciones y audacia cristiana para colocarte abiertamente del banda de los demás grandes cristianos de todos los tiempos, a fin de salir en defensa de tu fe y aprovechar todas las oportunidades que se te presentan, sin importar las consecuencias, así pierdas la aceptación de que gozas o tu cargo! Jesús dijo: “¡Ojalá fueras frío o caliente! ¡Pero si eres tibio, te vomitaré de Mi boca!” (Apocalipsis 3:15, 16) ¡Con Dios, por lo general es o todo o nada! ¡No le gusta que se hagan las cosas a medias! ¡El detesta a los desapadionados, tibios, indecisos, transigentes, los que tienen la actitud de “yo hasta aquí llego, pero nomás allá”!
El propio Jesús “echó a perder su reputación, fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos. Fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:1-3) Pero actualmente, a la mayor parte de los cristianos no les hace ninguna gracia que los desprecien por causa del Señor; de ahí que no dan la cara por Jesús como deberían en los lugares y momentos más oportunos. ¡No se atreven a defender públicamente la causa ni la Verdad de la Palabra de Dios sin hacer caso de lo que piense la gente! Fíjate en lo que sufrió Jesús por nosotros, ¡y en lo poco que muchos de nosotros estamos dispuestosa sufrir por Él!
La Biblia dice: “Así sabemos lo que es el Amor de Dios: Jesucristo dio Su vida por nosotros. ¡Y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestro hermanos!” (1Juan 3:16) ¡Debemos estar dispuestos a dar nuestra vida y hacer lo máximo por ganar cuantas almas perdidas nos sea posible, mientras siga siendo posible, en estos últimos y oscuros días! ¡Dar testimonio de las Palabras de Dios, predicar el Evalgelio, hablarle a la gente del Amor de Jesús es la labor más importante que hay en el mundo!
Conozco un episodio real muy significativo sobre una señora a cuyo hijo nombraron “embajador ante la corte de San Jacobo”, es decir que iba a ser representante de Estados Unidos en Inglaterra. Siempre se había considerado ese cargo de embajador como el más importante del mundo, sobre todo en tiempos del apogeo del imperio Británico. Mas, cuando unos amigos de la señora fueron a darle la gran noticia, ella, en lugar de regocijarse, casi se echó a llorar. Se limitó a menear la cabeza, entristecida, y exclamó: “Y pensar que pudo haber sido embajador del Evangelio, ¡y ha terminado con un simple cargo de embajador de Inglaterra!”
¡Imagínate! Pudo haber sido embajador, no de EE.UU., ¡sino del Reino de los Cielos, del mayor Rey de todos, del Rey de reyes: Jesús! ¡Pudo haber sido embajador antes el mundo entero, y no sólo en un pequeño país como Inglaterra, embajador del mayor Reino de todos, y pudo haber tenido un palacio eterno en las alturas!
¡He ahí una vacante que tú puedes ocupar! ¿Te interesa? ¡No hay cargo más importante en el mundo entero que ser hijo de Dios, y no hay honor más grande que defender a Jesús y dar testimonio de El!
¡Da la cara por Jesús hoy mismo! ¡Algún día te alegrarás de haberlo hecho, y Dios también, así como todos los que reciban el mensaje de Amor que tú les transmitas!

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