Marcos Brunet – Toma tu lugar (letra)

libre soy conquistando fronteras

MDA Restauracion – Como una brasa encendida.wmv

ALELUYA en vivo TONY PEREZ Y EL GRUPO INSPIRACION.

A sus pies hay paz

Cuan grande es Dios- En espiritu y en verdad

En Espiritu y En Verdad Yo Subire

¡SÉ DIFERENTE Y DA LA CARA POR JESÚS!

Hubo una vez un joven que era leñador. Se dedicaba a talar arboles en los extensos bosques del norte de Canadá. Cierto día pidió permiso y se tomó unas pequeñas vacaciones en el pueblecito cercano. Allí, en una esquina, un pastor cristiano le testificó y oró con él para que se salvara.
–Ahora que has recibido a Jesús en tu corazón, José, tu vida cambiará –le dijo el pastor.
–¿Cómo? –preguntó José, inclinándose para mirar más de cerca los versículos que el pastor le enseñaba directamente en la Biblia.
–Pues mira; dice aquí mismo en la Palabra de Dios que “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas”. (2Corintios 5:17) ¡Te advierto, pues, José, que encontrarás dificultades cuando vuelvas a la colonia de leñadores!
–¿Y eso por qué, pastor?
— ¡Porque como tú ya sabes, la gran mayoría de leñadores son tipos duros, brutos e irreligiosos, y no les gustan los cristianos!
— ¡Eso es muy cierto! –reconoció José, al tiempo que observaba por el rabillo del ojo a dos compañeros suyos borrachos, enfrascados en una reyerta al otro extremo de la calle.
–Sin embargo, José, tú ya no serás el mismo de antes. ¡Ya no maldecirás a Dios, ya no dirás palabrotas ni harás maldades! ¡Habrás cambiado tanto que te van a atormentar!
–¡Ah! –contestó el leñador con extrañeza.
Fue así que José retornó a la colonia de leñadores, donde permaneció varios meses antes de volver al pueblo a difrutar de otro permiso. Le entró curiosidad por ver si a lo mejor se cruzaría otra vez con el pastor, y en efecto lo encontró en una esquina, repartiendo folletos como de costumbre. Era casi imposible pasarlo de largo, pues su rostro sonriente y feliz como que iluminada toda la calle, irradiando el Amor de Jesús sobre todo el que pasaba.
–¡Hola, pastor! ¡Qué alegría verlo!
–¡Hola, José! –exclamó el pastor, contentísimo de saludar otra vez al leñador convertido–. Cuéntame, ¿cómo te fue en la colonia de leñadores?
–¡Ah, de maravilla! ¡Todo como una seda!
–¿No te dije que sería difícil llevar una vida cristiana en medio de tan malas compañias?
–No, no –respondió José–, ¡no fue nada difícil!
–¿Quieres decir que no te persiguieron ni te hicieron la vida imposible? –preguntó sorprendido el pastor.
–No, no. Verás usted… ¡no llegaron ni a enterarse de que yo era cristiano!
+ + +
¡Eso no es lo que hace un verdadero cristiano! ¡Cuano uno cree en algo, habla de ello! Si uno cree en su equipo de fútbol, ¡habla de él! Si uno cree en su partido político, ¡habla de él! Si a uno le gusta su trabajo, ¡habla de ello! Y si de verdad crees en Jesús y le amas, ¡hablarásde Él y compartirás Su Amor con los demás! ¡Como Sofía la lavandera, a quien un día ridiculizaron al verla hablando de Jesús a un indio de palo colocado frente a una tabaquería! Sofía reaccionó enseguida y repuso:
–Puede que sí; ¡ya no estoy bien de la vista! ¡Pero hablarle de Jesús a un indio de palo no está tan mal como ser un cristiano de palo y no hablarle de Jesús a nadie!
Jesús dejo: “Cuando un hombre tiene un candelero, no lo oculta bajo una vasija o bajo un jarrón –no se sienta solo en algún rincón con la esperanza de que nadie se vaya a enterar de que se ha vuelto cristiano–; ¡sino que lo coloca sobre un pedestal para que alumbre toda la casa!”(Mateo 5:15; Lucas 8:16) ¡Un cristiano se levanta y les cuenta a otras personas por qué ha tenido lugar una milagrosa transformación en su vida! ¡Una vez que eres salvo, tendría que ser imposible esconder el Amor de Dios y la Verdad de Jesús! Cuando lo tienes a Él en tu corazón y estás lleno de Su Amor, ¡Él quiere que lo manifiestes y que procures compartirlo con los demás! ¡Es lo menos que puedes hacer por Aquel que ofrendo Su vida por ti!
¡Fíjate en la mayoría de los comunistas actuales! Fíjate en cómo se dejan oír y divulgan su causa. Es indudable que se entregan de lleno a su lucha, que a menudo se sacrifican, que son activistas y que tienen gran determinación. ¡De buena gana ofrecen su vida para alcanzar su objetivo: la dominación del mundo! ¿Se puede deci lo mismo de la vasta mayoría de cristianos?
Desgraciadamente, la inmensa mayoría de los que hoy en día dicen ser cristianos no se atreven a hacer nada que los haga resaltar como gente más bien peculiar o distinta del montón. ¡Se han apocado, han perdido las convicciones, el coraje y la audacia para asumir una postura clara y firme a pesar de todo lo que diga o piense de ellos la gente! Muchísimos tratan de calcular hasta dónde pueden llegar sin comprometer su reputación. Son como ciertos judíos de la época de Jesús que se preocupaban mucho por complacer a los hombres; refiriéndose a ellos, la Biblia dice: “De los gobernantes, mucho creyeron en Jesús, pero a causa de los fariseos no confesaban su fe, por miedo a que los expulsaran de la sinagoga. ¡Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios!” (Juan 12:42, 43)
No quieren ser cristianos excepcionales por miedo a que la gente diga que son unos fanáticos o unos “insensatos por amor de Cristo” (1Corintios 4:10), como aquel hombre de negocios cristiano que se paseba por la abarrotas calles de Londres con un letrero prendido a la parte delatera de su sombrero, que decía: “¡YO HAGO EL TONTO POR CRISTO!” Y cuando los trauseúntes se daban la vuelta para echar otro vistazo a aquel hombre, al que tomaban por fanático religioso, veían otro letrero que llevaba prendido a la parte posterior del sombrero, que decía: “¿TÚ PARA QUIÉN HACES EL TONTO?”
Es una pena que muchos cristianos casi nunca se atreven a ser diferentes y a aventurarse a salirse de lo normal y de lo siempre. ¡Su vida con el Señor es algo así como un cómodo paseo en el que tienen, sumo cuidado por no molestar a nadie! Qué distintos eran los primeros cristianos, de quienes se decía: “¡Estos son los que transtornan el mundo entero!” (Hechos 17:6) Los consideraban alborotadores, sí; ¡pero los nombres de Pablo, Pedro, Esteban y Felipe aún perduran en la memoria de todos, y su influencia todavía se hace sentir, mientras que los pasivos y transigentes se desvanecieron en el olvido… como les pasará a muchísimos cristianos actuales poco entusiastas que se dejan llevar por la corriente!
Naamán fue un clásico transigente: de haber dado la cara por sus creencias, habría podido convertir a toda la antigua nación siria a la fe en el Dios verdadero. Naamán era el hombre más importante del país después de rey; era el primer general, el ministro de Defensa. Cuando fue a Israel a ver a Eliseo, milagrosamente se había curado de lepra. Hasta había empezado a dar testimonio antes su esposa, la sierva de ésta y varios amigos íntimos, de que no había otro Dios que el Dios de Israel. Mas cuando el rey de Siria el pidió que fuera con él a rendir culto en el templo de Rimón –un dios pagano y diabólico al que adoraban los sirios–, en vez de dar la cara por la fe que acababa de abrazar, se disculpó ante Eliseo de forma muy poco convincente, diciendo: “En esto perdone el Señor a tu siervo”.
¿Qué testimonio dio al país entrando públicamente al templo de Rimón con el rey? Seguramente el pueblo puso en entredicho los rumores que había oído de que lo había sanado el Dios de Israel. “¡Debe de haberlo sanado el dios Rimón, porque todos los días va a adorarlo con el rey!” (2Reyes 5)
¡En la vida cristiana no hay lugar para el “neutralismo” ni las trasigencias! Jesús afirmó: “¡El que no es conmigo, contra Mí es!” (Mateo 12:30) ¡La vida delos cristianos debería caracterizarse por un entusiasmo, entrega y consagración totales, ciento por ciento, a la causa de conquistar al mundo para Jesús! Ha llegado, para los cristianos, el momento de dar la cara y manifestar con denuedo cuáles son sus convicciones, de ¡de alzarse en lucha contra las fuerzas de la tinieblas que obran en el mundo, que avazan a una velocidad alarmante y pretenden acorralarnos! En esta batalla no hay lugar para cristianos “camaleones” que se cambian de chaqueta según donde estén para integrarse en el mundo que los rodea y fundirse son él, sin dar muestra alguna de tener convicciones ni valor moral. Ese es el mayor problema que tiene el cristianismo actual: ¡los tales cristianos “secretos”, que lo único que hacen es procurar meter su alma en el Cielo sin que nadie se entere!
¿Eres tú de los que practican su religión en secreto por miedo al qué dirán? ¿O tienes convicciones y audacia cristiana para colocarte abiertamente del banda de los demás grandes cristianos de todos los tiempos, a fin de salir en defensa de tu fe y aprovechar todas las oportunidades que se te presentan, sin importar las consecuencias, así pierdas la aceptación de que gozas o tu cargo! Jesús dijo: “¡Ojalá fueras frío o caliente! ¡Pero si eres tibio, te vomitaré de Mi boca!” (Apocalipsis 3:15, 16) ¡Con Dios, por lo general es o todo o nada! ¡No le gusta que se hagan las cosas a medias! ¡El detesta a los desapadionados, tibios, indecisos, transigentes, los que tienen la actitud de “yo hasta aquí llego, pero nomás allá”!
El propio Jesús “echó a perder su reputación, fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos. Fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:1-3) Pero actualmente, a la mayor parte de los cristianos no les hace ninguna gracia que los desprecien por causa del Señor; de ahí que no dan la cara por Jesús como deberían en los lugares y momentos más oportunos. ¡No se atreven a defender públicamente la causa ni la Verdad de la Palabra de Dios sin hacer caso de lo que piense la gente! Fíjate en lo que sufrió Jesús por nosotros, ¡y en lo poco que muchos de nosotros estamos dispuestosa sufrir por Él!
La Biblia dice: “Así sabemos lo que es el Amor de Dios: Jesucristo dio Su vida por nosotros. ¡Y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestro hermanos!” (1Juan 3:16) ¡Debemos estar dispuestos a dar nuestra vida y hacer lo máximo por ganar cuantas almas perdidas nos sea posible, mientras siga siendo posible, en estos últimos y oscuros días! ¡Dar testimonio de las Palabras de Dios, predicar el Evalgelio, hablarle a la gente del Amor de Jesús es la labor más importante que hay en el mundo!
Conozco un episodio real muy significativo sobre una señora a cuyo hijo nombraron “embajador ante la corte de San Jacobo”, es decir que iba a ser representante de Estados Unidos en Inglaterra. Siempre se había considerado ese cargo de embajador como el más importante del mundo, sobre todo en tiempos del apogeo del imperio Británico. Mas, cuando unos amigos de la señora fueron a darle la gran noticia, ella, en lugar de regocijarse, casi se echó a llorar. Se limitó a menear la cabeza, entristecida, y exclamó: “Y pensar que pudo haber sido embajador del Evangelio, ¡y ha terminado con un simple cargo de embajador de Inglaterra!”
¡Imagínate! Pudo haber sido embajador, no de EE.UU., ¡sino del Reino de los Cielos, del mayor Rey de todos, del Rey de reyes: Jesús! ¡Pudo haber sido embajador antes el mundo entero, y no sólo en un pequeño país como Inglaterra, embajador del mayor Reino de todos, y pudo haber tenido un palacio eterno en las alturas!
¡He ahí una vacante que tú puedes ocupar! ¿Te interesa? ¡No hay cargo más importante en el mundo entero que ser hijo de Dios, y no hay honor más grande que defender a Jesús y dar testimonio de El!
¡Da la cara por Jesús hoy mismo! ¡Algún día te alegrarás de haberlo hecho, y Dios también, así como todos los que reciban el mensaje de Amor que tú les transmitas!

El Sultán y Satanás ¡Una lección para todos!

Una antigua leyenda oriental cuenta que un gran sultán –cuya devoción a Dios era harto conocida– se quedó una vez dormido y no despertó a tiempo para la hora de la oración. El diablo, viendo que pasaba la hora, se acercó a él y lo despertó, apremiándole a que se levantara de la cama y empezase a orar.
–¿Quién eres? –preguntó el sultán sobresaltado, limpiándose las legañas de los ojos.
–Ah, eso no importa –replicó la sospechosa figura–. ¡Lo importante es que te desperté a tiempo! ¡Si no, por primera vez en diez años, habrías faltado a tus oraciones! Y es que rezar es muy bueno, ¿no crees?
–Sí, eso es cierto –contestó el sultán con aire satisfecho–. No se me ocurriría perderme mi rato de oración. ¡Ni una sola vez! ¡Pero un momento! Creo que te reconozco… sí, tu cara me resulta conocida. Ah claro, eres Satanás, y ciertamente tu aparición tendrá algún propósito maligno.
–¡En realidad no soy tan malo como crees! –exclamó el intruso–. Después de todo, tiempo atrás yo era ángel.
–Eso no lo dudo –intervino el sabio sultán–; sin embargo, ¡tú eres el Engañador, sabido es que a eso te dedicas! ¡Por tanto te exijo en nombre de Dios que me digas por qué justamente tú quieres que me levante a orar!
–Bien –resopló el Diablo impaciente por la insistencia del sultán–; si es menester que lo sepas, te lo diré. De haberte quedado dormido, olvidando tus oraciones, te hubiera pesado mucho después y te habrías arrepentido considerablemente. En cambio, si continúas como siempre, diez años sin perderte una sola oración, ¡te sentirás tan satisfecho de ti mismo que será peor para ti que si hubieras faltado una vez a la oración y te hubieras arrepentido de ello implorando perdón a Dios! ¡A Dios le agrada mucho más tu falta mezclada con penitencia, que tu virtud sazonada con orgullo!

*******

Qué gran enseñanza nos imparte esta anécdota. ¡Resulta que con frecuencia nos conviene equivocarnos! De no cometer algunos errores, probablemente nos enorgulleceríamos tanto y nos sentiríamos tan seguros de nosotros mismos, que nos creeríamos capaces de prescindir de Dios y de la ayuda de los demás. ¡Cuando en realidad, si nos sentimos orgullosos y autosuficientes no es porque estemos más cerca de Dios, sino más cerca de nosotros mismos!
Claro que en nuestro mundo moderno a muchas personas se les ha inculcado la idea de que el orgullo es una gran virtud. A los ojos de Dios, sin embargo, al orgullo y a la santurronería se les reconoce por lo que son: ¡pecados del corazón! De hecho, la Biblia dice que “¡antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu!… y Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Proverbios 16:5,18; Santiago 4:6).
Nuestros errores suelen ser el medio del que se vale Dios para controlar nuestra soberbia, y con frecuencia contribuyen a mantenernos humildes y quebrantados, más necesitados del socorro divino y más dependientes de Su fortaleza en lugar de la nuestra. ¡Quizá te sorprenda saber que el Señor hasta quiere que fallemos en algunas cosas, para que no tengamos un concepto demasiado elevado de nosotros mismos y no nos creamos tan perfectos!
¡De lo que parecen derrotas Dios saca algunas de Sus mayores victorias! “¿Victorias? –puede que te preguntes–. Pero ¿qué clase de victoria es esa?” Pues bien, Dios muy frecuentemente recurre a experiencias humillantes para convertirte en una persona mejor, más compasiva y comprensiva de los errores ajenos, más amorosa y paciente de lo que serías en caso contrario.
¿No te parece reconfortante que tus fallos se puedan ver de modo positivo y considerarse como algo beneficioso para ti?… ¡Es decir, no como que el Señor lo que pretende es aplastarte y dejarte por los suelos, sino que a base de errores, él te está enseñando muchas lecciones importantes que, si no quebrara tu orgullo, quizá nunca aprenderías!
Claro que para ello es preciso que seamos sinceros con nosotros mismos y que confesemos voluntariamente nuestros errores e intentemos rectificarlos. Aunque, como dicen, las palabras más difíciles de decir en cualquier idioma son: “¡Me equivoqué!”, y a quien más nos cuesta confesar nuestros errores es por lo general a nosotros mismos. Para ello hace falta una humildad que sólo Dios puede dar, ya que la pecaminosa naturaleza innata del hombre le lleva a querer parecer intachable y perfecto, lo cual por tanto le impide confesar sus errores.
En todo caso, si ansiamos la verdad, y deseamos gozar de la bendición de Dios, admitiremos y confesaremos nuestras faltas y fallos sincera y humildemente, con el consuelo de que hoy somos más sabios más ayer. Contrariamente a lo que piensan algunos, ¡admitir un error es señal de entereza, no una confesión de debilidad!
Además, Dios sabe que eres de todo menos perfecto. Es más, él sabe que no puedes ser perfecto y que jamás lo serás. El quid del asunto, pues, no es el ser o no perfecto, sino si dependes totalmente del Señor, confiando en él, y en Su gracia, Amor y misericordia. ¿Le das a él toda la gloria y el mérito de todo lo bueno que haces? Siempre que haces algo bueno, ¿dices: “¡Dale gracias a Jesús, no a mí! Si algo de bueno he hecho, ¡se debe completamente a la ayuda del Señor!”?
Una buena regla a seguir es darle a Dios toda la gloria de todo lo que hagas bien, y echarte a ti mismo toda la culpa de todo lo que hagas mal. ¡Así evitarás caer en la horrible trampa del orgullo santurrón, que viene a ser la base de prácticamente todo pecado!
Total que apenas cometas un error y te veas tentado a deprimirte y desanimarte, recuerda simplemente lo que el Diablo dijo al sultán: “¡A Dios le agrada mucho más tu falta mezclada con penitencia, que tu virtud sazonada con orgullo!”
————————————–
ORACIÓN: Señor, ayúdanos a darnos cuenta de que aun nuestros errores nos hacen bien. Ayúdanos a ser francos con nosotros mismos y con los demás, descubriendo nuestras faltas y defectos. Confesamos que sin Ti no somos nada (Juan 15:5). Ayúdanos a no resistirnos a Tus quebrantamientos y rehacimientos, que en realidad nos ayudan a ser más sumisos, más humildes y, sobre todo, más útiles a Tu servicio. En el nombre de Jesús, te lo pedimos. Amén.

«¡TU SUEÑO SERA GRATO!»

1. Cuando me voy a acostar,
escucha, Salvador, mi oración;
soy tu hijito que ahora acude
implorando tu bendición.

Perdona todos mis pecados
y ayúdame a dormir ahora
en paz y tranquilidad
hasta que llegue la aurora.

2. ¡Lo último que debemos hacer cuando nos acostamos por la noche es darle gracias a Jesús por un buen día y pedirle una buena noche de descanso! El ha prometido guardarnos en completa paz si nuestra mente en El persevera. (Isaías 26:3) Por eso, verás que te ayuda mucho a disfrutar de una buena noche de descanso quitarte de la cabeza las preocupaciones y problemas y pensar en Jesús, así como leer algo breve, tranquilizador y consolador de su Palabra. Lo cierto es que en su Palabra hay muchas promesas preciosas que podemos invocar para disfrutar de una buena noche de descanso:
3. «En paz me acostaré y dormiré, porque sólo Tú, Señor, me haces vivir confiado.» (Salmo 4:8)
4. «Mi presencia irá contigo y te daré descanso.» (Exodo 33:14)
5. «Cuando te acuestes no tendrás temor, sino que te acostarás y tu sueño será grato.» (Proverbios 3:24)
6. Cuando nos acostamos, es un buen momento para «meditar en nuestro corazón estando en nuestra cama» (Salmo 4:4), hacer inventario de las cosas y reflexionar momentáneamente en los acontecimientos y cosas logradas en el día, y quizás a veces hasta en los fallos cometidos. Pregúntate si ha sido un día en que has hecho la voluntad de Dios con obediencia y sumisión. ¿Ha sido un día por el que estás agradecido porque no tienes duda de que le ha agradado al Señor? Una buena pregunta que te puedes hacer al acostarte al final del día es: ¿«Qué he hecho con mi vida?» «¿Qué he hecho con mi vida este día? ¿Lo he vivido por Jesús para poderme acostar feliz y contento, agradecido y satisfecho por haber hecho todo lo que he podido, y ahora puedo descansar tranquilo?»
«Ahora que me voy a acostar,
te ruego, Señor, que me guardes en paz.
¡Tu Amor me guarde la noche entera
y al despertar la luz del día me espera!»

«ANGELES GUARDIANES A MI ALREDEDOR…»

7. «El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende.» (Salmo 34:7)
8. ¡Jesús nunca duerme! ¡El vela continuamente por ti. «No se adormecerá ni guardará el que guarda a Israel. El Señor te guarda.» (Salmo 121:4,5) ¡Y lo mismo hacen todos sus ángeles y santos! Qué consolador, ¿verdad?
9. ¡Dale gracias a Dios por sus ángeles guardianes, que hacen posible que nos acostemos tranquilos a dormir sin preocuparnos por enemigos, ni problemas ni ninguna otra cosa! ¡Nunca duermen, siempre velan! ¡No necesitan descansar, porque no les afectan la gravedad, la fatiga ni el hambre!
10. ¡Nuestros guardianes, los ejércitos celestiales, están a nuestro alrededor ocupados en todo momento en su trabajo, 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año, continuamente! Qué maravilla, ¿eh? ¡En este mundo jamás han existido mejores guardianes! ¡Alabado sea el Señor! Como cantaba el célebre cantante de ópera Mario Lanza:
11. ¡Angeles guardianes a mi alrededor
que rezan siempre conmigo!
¡Hacen huir las sombras en derredor
y ahuyentan a todo enemigo!

Angeles guardianes a mi alrededor
que velan hasta el amanecer.
¡Hay uno que me toma de la mano
y el Cielo me lleva a ver!

¡NUESTRA INSTRUCCION CELESTIAL!…

12. «Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho, entonces revela al oído de los hombres y les señala su consejo.» (Job 33:15,16)
13. ¡Aunque no lo parezca, tu espíritu, tu verdadero ser, no necesita dormir! Mientras que tu cuerpo físico tiene que descansar, tu espíritu inmortal está ocupado en todo momento pensando, soñando y teniendo experiencias espirituales continuamente mientras duermes. No tiene que dormir porque es inmortal, eterno, espiritual. «¡Las cosas que se ven son temporales, y las que no se ven son eternas!» (2a a los Corintios 4:18) Lo físico muere, pero lo espiritual es eterno, y aunque duermas, tu espíritu está ocupado en todo momento, tiene experiencias, aprende cosas, toma decisiones y explora!
14. A veces el Señor permite que recordemos esas experiencias espirituales y sueños. ¡Pero no cabe duda de que es una bendición que no nos permita recordar todo lo que experimentan nuestros espíritus mientras dormimos! ¡Sería una carga tremenda para nuestro consciente tener que recordar todo eso, cuando ya tenemos bastantes cosas en qué pensar y por las que preocuparnos en nuestra vida física actual!
15. ¡Hay veces en que el Señor permite que se nos ponga a prueba en los sueños para ver qué haríamos en tales circunstancias! ¡Cuando se está soñando, la prueba es demasiado realista, porque uno no sabe que está soñando! ¡Uno cree que está sucediendo realmente, y por eso sus reacciones son muy reales y auténticas, mostrando lo que haría en la realidad en tales circunstancias!
16. Aparte de eso, hay muchas veces en que uno tiene que tomar una decisión determinada cuando está despierto, y resulta mucho más fácil decidir bien porque (esperamos) ha aprendido mientras dormía y tenía que escoger en circunstancias similares en sueños. ¡Gracias a Dios por los sueños! ¡Forman parte de nuestra instrucción celestial espiritual!
17. «Bendeciré al Señor que me aconseja; aun en las noches enseña a mi conciencia.» (Salmo 16:7)

NO TEMERAS EL TERROR NOCTURNO…»–(Salmo 91:5)

18. Aunque tiembles en la oscuridad
de ayuda y ánimo necesitado,
un Padre amoroso te dice:
«¡No temas, Yo estoy a tu lado!»

19. Hay muchas y diversas razones por las que la gente tiene pesadillas. Puede deberse a algo que se ha comido, o a algo por lo que se estaba preocupado al acostarse, e inconscientemente ese hilo de pensamiento se continuó en el sueño. A veces los sueños son advertencias que nos da el Señor de cosas que van a suceder, o que ya están sucediendo sin que lo sepamos. Pero generalmente los sueños de advertencia que nos da el Señor tienen algo de bueno y mucho sentido. Normalmente no son totalmente negativos, y siempre tienen alguna moraleja.
20. Hay pesadillas que se deben a una clara implantación de pensamientos en nuestra mente por parte de espíritus malvados intentando influir nuestras ideas y asustarnos. ¡Los malos espíritus intentan combatirnos en nuestros sueños del mismo modo que los buenos intentan ayudarnos en los mismos!
21. ¡Cuando tienes pesadillas, es que tu espíritu está combatiendo fuerzas espirituales malvadas! El Señor lo permite para ver lo que haces, y el efecto que tiene en ti. ¡Quiere ver si vas a decidir bien, invocándole a El para que te ayude! ¡De modo que las pesadillas también son parte de tu vida y de experiencias espirituales que se continúan en tu sueño! ¡Naturalmente, no es la voluntad de Dios que tengamos siempre pesadillas! ¡Si estás atormentado en sueños y siempre tienes pesadillas o sueños desagradables, debes orar reprendiendo al Diablo y pidiéndole al Señor que te libre de sueños tan molestos!
22. ¡Muchas veces conviene tener una luz de noche en la habitación, porque los malos espíritus no soportan la luz! Son amantes de las tinieblas porque sus obras son malas, y por eso huyen de la luz! (Juan 3:19) Por eso, siempre conviene tener una lucecita para no dormir sumido en total oscuridad.
23. ¡También hay que orar específicamente pidiéndole al Señor que nos dé buenos sueños! ¡A veces tenemos pesadillas porque nos olvidamos de orar pidiéndole al Señor buenos sueños! Como dice Santiago 4:2: «No tenéis porque no pedís.» El Señor quiere que lo reconozcamos. ¡Quiere que sepas que lo necesitas! ¡Por eso quiere que ores!
24. ¡Si conoces al Señor, eres hijo suyo y no tienes nada que temer ni por lo que preocuparte! ¡Sabes que el Señor te guarda y te protege! ¡Te rodea y encomienda a sus ángeles que te guarden! Ver Salmo 91:11.

¡LA BELLEZA DE LA NOCHE!…

25. ¿Por qué combatir con píldoras
el insomnio temiendo la oscuridad?
¡Si no hay mejor hora para hallar
la Luz de la eternidad!

26. ¡Esos momentos de la noche en que no puedes pegar ojo son una oportunidad fantástica para orar y alabar al Señor! El rey David dijo: «Me acuerdo de Ti en mi lecho cuando medito en Ti en las vigilias de la noche.» (Salmo 63:6) ¡La noche es muy silenciosa y callada! Puedes hacerle llegar tu voz a Dios y oír su voz con mucha claridad. ¡El silbo apacible de la voz de Dios en las altas horas de la noche!
27. ¡Al Señor le gusta hablarte al oído suave y tiernamente, como un amante! ¡Le gusta cortejarte en la noche con su voz tierna, suave y cariñosa, hablándote en voz baja al corazón en los momentos en que se oye hasta el más leve susurro! ¡Con frecuencia es difícil oírle durante el día con todo el alboroto, ruido y demás voces, todo el estruendo del mundo que nos machaca los oídos! Pero al fresco y en el silencio de la noche hay mucha paz y tranquilidad. ¡Se ven a las estrellitas centelleando muy tierna y calladamente! Es como contemplar los ángeles: ¡nos giñan los ojos hablándonos en voz baja, hablándonos sin palabras!
28. ¡Aunque las Escrituras hablan con frecuencia de la oscuridad con una connotación mala, la noche en sí, creada por el propio Dios, no es mala, y muchas veces la Biblia dice que es una bendición! ¡Jesús se levantaba mucho antes de que fuera de día, por lo que está claro que se levantaba de noche a orar! ¡El Señor se le apareció a Salomón en la noche y le concedió sabiduría y conocimientos como le había pedido! ¡Y en los Salmos, David habla mucho de meditar con Dios en la noche! (Marcos 1:35; Lucas 6:12; 1º de Reyes 3:5-15; Salmo 77:6)
29. ¡Así que, si te despiertas en la noche y no puedes conciliar el sueño, a lo mejor es que Dios quiere que ores! ¡Y en cuanto hayas orado, seguro que te vuelves a dormir enseguida! ¡Pruébalo!

30. Cuando el sueño no puedas conciliar
e interminable parezca tu velar,
¡eleva los pensamientos al Señor,
que se inclina hacia ti en amor!
Siente su presencia junto a tu lecho,
cuando pone la mano sobre tu pecho.
¡El día con una oración culmina
al refugiarte en la protección divina!
Pídele al Señor que guarde tu sueño
y entonces… sí, entonces, ¡a dormir como un leño!

31. ¡Que Dios te bendiga! ¡Buenas noches y que descanses!